LUCHEMOS POR SER SANTOS
El Papa Francisco dedicó su catequesis de la audiencia
general a reflexionar sobre el llamado universal a la santidad, recordó que
“¡todos podemos ser santos!” y explicó las claves para vivir esto en la vida
cotidiana.
“La santidad es un don, es el don que nos hace el Señor
Jesús, cuando nos toma consigo y nos reviste de sí mismo, nos hace como Él. En
la Carta a los Efesios, el apóstol Pablo afirma que “Cristo ha amado a la
Iglesia y se ha dado a sí mismo por ella, para hacerla santa”, explicó el Santo
Padre a los miles de congregados en la Plaza de San Pedro.
La santidad, prosiguió el Pontífice, “es el rostro más
bello de la Iglesia: es redescubrirse en comunión con Dios, en la plenitud de
su vida y de su amor. Se entiende, entonces, que la santidad no es una
prerrogativa solo de algunos: la santidad es un don que se ofrece a todos,
nadie está excluido, por eso constituye el carácter distintivo de todo
cristiano”.
A su parecer, “para ser santos, no es necesario por
fuerza ser obispos, sacerdotes o religiosos. ¡Todos estamos llamados a ser
santos!” y precisamente “muchas veces, tenemos la tentación de pensar que la
santidad se reserva solo a los que tienen la posibilidad de separarse de los
asuntos cotidianos, para dedicarse exclusivamente a la oración. ¡Pero no es
así!”, dijo enérgico el Papa.
Pero, ¿qué es la santidad? No es “cerrar los ojos y poner
caras” sino vivir “con amor” y ofrecer “el testimonio cristiano en las
ocupaciones de todos los días donde estamos llamados a convertirnos en santos.
Y cada uno en las condiciones y en el estado de vida en el que se encuentra”.
En este sentido, el Papa enumeró una serie de “estados de
vida” y la manera correcta de llevar a la santidad a ellos: “¿Eres consagrado o
consagrada? Sé santo viviendo con alegría tu donación y tu ministerio. ¿Estás
casado? Sé santo amando y cuidando a tu marido o a tu mujer, como Cristo hizo
con la Iglesia. ¿Eres un bautizado no casado? Sé santo cumpliendo con
honestidad y eficiencia tu trabajo y ofreciendo tu tiempo al servicio de los
hermanos”.
“Allí donde trabajas puedes ser santo. Dios te da
la gracia de ser santo. Dios se comunica contigo. Allí donde trabajas. En
cualquier lugar se puede ser santo si nos abrimos a esa gracia que trabaja en
nosotros y nos lleva a la santidad”.
“¿Eres padre o abuelo? Sé santo enseñando con pasión a
los hijos y nietos a conocer y seguir a Jesús. Se necesita mucha paciencia para
esto, para ser buenos padres, buenos abuelos es necesaria la paciencia, ahí
viene la santidad: ejercitando la paciencia ¿Eres catequista, educador o
voluntario? Sé santo convirtiéndote en signo visible del amor de Dios y de su
presencia al lado de las personas”.
Es decir, prosiguió el Santo Padre, “cada estado de vida
lleva a la santidad, ¡siempre! En tu casa, en la calle, en el trabajo, en la
Iglesia. En cualquier momento y estado de vida que tengas está abierto el
camino a la santidad. No se cansen de seguir este camino” porque “es Dios quien
te da la gracia. Lo único que te pide el Señor es que estemos en comunión
con el Señor y al servicio de los hermanos”
Además, el Santo Padre pidió a todos hacer “examen de
conciencia” y responder en silencio cómo se ha respondido a la llamada del
Señor a la santidad.
Una invitación a la alegría
“Cuando el Señor nos invita a convertirnos en santos, no
nos llama a cualquier cosa pesada, triste… ¡Todo lo contrario! Es la invitación
a compartir su alegría, a vivir y a ofrecer con alegría todos los momentos de
nuestra vida, haciéndola, al mismo tiempo, un don de amor por las personas que
tenemos al lado”.
Para Francisco, “si comprendemos esto, todo
cambia adquiere un significado nuevo, bello, comenzando por las pequeñas
cosas de todos los días”, dijo para continuar con varios ejemplos que hicieran
sus palabras más comprensibles a la gente: “Una señora va al mercado a comprar,
encuentra a una vecina empiezan a hablar y comienza la charla, pero si ella
dice no quiero hablar mal de nadie, allí empieza el camino de la santidad”.
“O si tu hijo quiere hablar contigo de sus historias, o
de que está cansado de trabajar, ponte cómodo y escucha a tu hijo que te
necesita: ese es otro paso a la santidad. Termina la jornada, estamos cansados
todos, llega la hora de la oración: ese es otro paso hacia la santidad. Llega
el domingo: vamos a Misa a comulgar, a veces una buena confesión que nos limpie
un poco, otro paso a la santidad”.
“Rezar a la Virgen que es tan buena, tan bella, rezo un Rosario:
otro paso a la santidad. Tantos pasos pequeños hacia la santidad. O voy por la
calle, veo a un pobre, me detengo, le pregunto, le doy algo, es otro paso hacia
la santidad. Pequeñas cosas que son pequeños pasos hacia la santidad”, explicó.
Estos “pequeños pasos” nos convertirán “en personas
mejores, libres del egoísmo y de la clausura en nosotros mismos, abiertos a los
hermanos y a sus necesidades”.
Para concluir, el Papa Francisco volvió a exhortar a
todos para acoger el don de la santidad “con alegría” y a sostenerse “los unos
a los otros, para que el camino hacia la santidad no se recorra solo”, sino que
“juntos en ese único cuerpo que es la Iglesia, amada y hecha santa por el Señor
Jesucristo. Vayamos adelante, con valentía, en este camino hacia la santidad”,
terminó.





